miércoles, 15 de junio de 2011

Aún consigues hacer me ponga nerviosa y que me tiemblen las piernas con cada palabra que me dices. Por mucho que lo intento, no puedo evitar sentir unas ganas irefrenales de estar a tu lado reviviendo aquellos maravillosos días.
Me cuentas tus planes sin saber la profunda tristeza que me causa oir cómo continuas tu vida sin mi, sin pensar en lo mucho que me gustaría formar parte de ella otra vez.
Con cada broma que haces, se prolongan mis risas más de lo que deberían, pero no son risas normales, son las risas que una persona emite cuando está enamorada. Risas tontas que no tienen sentido y que duran mas de lo normal, con una bocecilla chillona y aguda que rompería hasta el más duro de los cristales. Que si cualquiera me oyera, pensaría que me he vuelto loca, pero no una de esas locas que van a los manicomios (que tambien), si no una de esas locas que andan por la calle mirando el cielo con una eterna sonrisa tonta en sus labios, una de esas que mientras el profesor explica está pensando lo genial que sería tenerte conmigo para soportar el calbario de profesor y que esta deseando levantarse de la silla para salir de la clase cogida de tu mano a cualquier lugar en el que pudiéramos estar solos, juntos, como lo estuvimos una vez pero que mi estupidez y mi parte paranoica no dejaron que continuase.
Cada día pienso en qué hubiera pasado si no hubiera tomado ésa decisión, si todavía estaríamos juntos o si las cosas hubieran acabado mucho peor. No lo sé, y definitivamente no lo sabré, pero comparando lo que vivo ahora con lo que quizá me hubiera tocado vivir de haber dejado que las cosas se prolongasen y acabasen peor, prefiero haber tomado aquella decisión y desahogarme ahora escribiendo todo lo que pasa por mi mente en un blog ante la posibilidad de haberte perdido para siempre.

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